A comienzos de semana todo apuntaba que sería fatídica, tras el contratiempo de la espantada de Mario Monti en Italia. La consecuencia inmediata fue el contagio a España, ya saben eso del perro flaco, con la prima de riesgo subiendo y la bolsa bajando.
Hasta hace una semana, todo apuntaba a qué el último mes del año transcurriría sin demasiados sobresaltos. Como siempre sucede con esas afirmaciones, la esperanza es muy voluntariosa y amable, pero en los mercados financieros, la realidad no suele serlo tanto. Por eso la realidad es que tenemos una nueva incertidumbre en Europa sobre cuál será el futuro político de Italia, y detrás de éste, cuáles serán las medidas económicas que adoptará en nuevo gobierno, que salga de las urnas a mediados de febrero. El margen de maniobra es nulo, porque está en riesgo toda la Zona Euro, y parece poco probable que las peregrinas declaraciones de Berlusconi puedan llegar a ninguna parte.
Hasta que esa incógnita se despeje, los mercados tendrán que convivir con la incertidumbre, sobre todo hasta que se sepa si Mario Monti aceptará presentarse como candidato, dejando a un lado su calificativo de tecnócrata, y adoptar el de político. Los apoyos que está recibiendo en Bruselas y en Italia para que así sea, están haciendo que se lo piense de forma seria. La verdad es que la Zona Euro no necesita de más incertidumbres, y menos España, que somos los que pagamos los platos rotos, con independencia de que lo hagamos nosotros o nuestros vecinos. Eso es lo que tiene estar en la cuerda floja, respecto a nuestra credibilidad económica.
No obstante, esta semana las buenas noticias han podido más que las malas. La Reserva Federal americana ha decidido comprar deuda por valor de 45.000 millones de dólares todos los meses, y mantener los tipos de interés bajos hasta que el desempleo baje al 6,5%. En Europa se ha concretado la hoja de ruta del supervisor bancario único, claro está, el Banco Central Europeo, lo que supone el espaldarazo definitivo a la moneda única, dejando sin argumentos, si es que les quedaba alguno, a los que afirmaban que el euro no saldría vivo de esta crisis.
Estas buenas noticias han dejado a un lado el tema de Italia, así como el del abismo fiscal de EEUU. Los inversores parece que no quieren que nada estropee el espíritu navideño y están dispuestos a mantener la esperanza en el futuro, a base de ilusión y apoyo a los datos positivos. Las buenas previsiones para los mercados en 2013 de la mayoría de las entidades y expertos, están ayudando mucho al ánimo de los inversores para enfrentarse al nuevo año, que para la economía real no será nada fácil.
Esperemos que todo siga así hasta el día 31 de diciembre, que es cuando oficialmente se habrá cerrado el año y ya se hará el balance definitivo. Tal vez el IBEX 35 quiera cerrar el año en esos 8.000 puntos que tanto se le resisten, y hacer una declaración de intenciones para 2013, en el que espera ser protagonista de una fiesta, la de las ganancias, a la que no ha sido invitado estos últimos años.

