Los inversores experimentados, tienen especial facilidad para nadar y convivir con la incertidumbre, dado que es un hábitat natural, dado que el mundo es muy grande y todo está interconectado.

Los ahorradores que no  han querido dar el paso para convertirse en inversores, creen que tener sus ahorros en depósitos bancarios o en el colchón, les alejan de las incertidumbres que afectan al mundo financiero. Lo que muchos descubren, es que ese placebo es más fruto de la ignorancia, que del rigor de la realidad. No en vano, el monstruo de la inflación les acecha silenciosamente, para irme comiendo sus ahorros, cual polilla sigilosa y hambrienta. La escasa rentabilidad que puedan obtener por sus depósitos bancarios, se reducirá aún más, una vez pagados los impuestos.

También les acecha la solvencia del país y sistema financiero en el que depositan sus ahorros. Claramente no es lo mismo depositar el ahorro en bancos de países inestables políticamente, como Venezuela, Cuba etc. que hacerlo en bancos de países como Alemania o EEUU. En ambos casos les acosa la inflación, pero en los primeros, las posibilidades de que les nacionalicen sus ahorros y los pierdan por completo, son muy altas.

El inversor que sigue las reglas de oro de la inversión, sabe que el horizonte temporal, el decir, el tiempo al que se invierte, es clave para seleccionar activos, también sabe que hay que diversificar en gestoras y activos, al tiempo que valora la gestión activa de los mejores gestores del mundo, para que hagan esa selección de valores y los vayan cambiando, en función de las circunstancias de mercado.

Los asuntos políticos, cada año son una constante de incertidumbre, por el impacto que tiene en las economías, la ideología que gobierne un país. Acontecimientos extraordinarios, como los que vivimos en años anteriores, como el Covid 19 o la crisis financiera de 2008, obligan a los bancos centrales del mundo a bajar tipos de interés de forma precipitada, para posteriormente tenerlos que subir, como sucedió en 2022, para volver a normalizarlos. Los ciclos económicos de crecimiento o recesión, al igual que los 7 años de vacas gordas y 7 años de vacas flacas, se suceden constantemente.

Cuando un inversor, considera que debe hacer frente él solo, a lo que sucede en el mundo e invertir en base a ello, es cuando le invade el terror o la impotencia, o la euforia, todos ellos sentimientos muy dañinos para la toma de decisiones de inversión, tal y como la experiencia ha demostrado.

Los mejores profesionales del mundo financiero y del mercado de capitales, consiguieron que después de las caídas de marzo de 2020, por el Covid, a final de año los inversores consiguiesen cerrar el año con beneficios. Mayor incertidumbre que la gestión de algo tan inesperado, parece difícil, por lo que demostraron su capacidad de reacción, para convertir en oportunidades y rentabilidad, los desafíos que se habían producido. Cuando tenemos años como el 2008 y 2022, con abultadas caídas en el conjunto del año, cuando las carteras bien construidas, se analizan en un período de dos años posteriores de caída, se comprueba que han recuperado las caídas y siguen la senda alcista.

Con todo este aprendizaje de décadas anteriores, en el momento actual con tanta incertidumbre que se genera desde la nueva administración americana, los inversores tendrán que dejar en manos de los especialistas la toma de decisiones, para ir seleccionando los activos que van a ser ganadores, una vez que las certidumbres van aumentando.

En lo que llevamos de año, una certidumbre que parece instalarse con fuerza, es que muchos valores europeos se están comportando mejor que los americanos, por las expectativas de que la guerra se acabe, los aranceles se negocien y no sean muy dañinos, al tiempo que las empresas puedan tener más beneficios, por la mejora de la situación económica, tras las bajadas de tipos de interés.

Todas las demás incertidumbres se irán despejando, al tiempo que dejarán paso a otras, como sucede constantemente. El ruido que provocan las noticias,  las tertulias de café y las redes sociales, no deben ser las que guían a los inversores en su toma de decisiones.

Sea como sea, en momentos como los actuales, las recetas de siempre no fallan, son como la medicina natural, de ahí que la diversificación, el horizonte temporal y la gestión activa, permitirán una vez más, aprovechar todas las oportunidades y sortear las dificultades.